Harry Potter y la Gastronomía
En el mundo mágico se come. ¡Y se come bastante!. En cantidades tales que postrarían al Muggle (persona no-mágica) más resistente. Es evidente que magos y brujas de todas las edades han desarrollado una protección natural contra las enfermedades cardiovasculares y viven despreocupados por el colesterol alto, generalmente más años que cualquiera de nosotros, pobres Muggles esclavos de dietas y regímenes. Basta echar un vistazo al menú cargado en grasas y carbohidratos que se sirve cotidianamente a los jóvenes alumnos de Hogwarts, la más famosa escuela de magia y hechicería de toda Inglaterra, para concluir esto. ¿Cómo es posible que el heroico Harry Potter encuentre la energía necesaria para dedicarse a los estudios, practicar el violento deporte mágico de la escobas voladoras y para enfrentarse a las fuerzas de la oscuridad con semejante dieta? Un permiso especial del Ministro de Magia nos permitirá entrar a las cocinas, destapar las ollas y sentarnos a las mesas de la comunidad mágica, con el propósito de estudiar sus peculiares hábitos gastronómicos y aparente inmunidad a las dolencias de origen nutricional.
Escribe Rafael Ariansen
Iniciamos nuestro recorrido en “La Madriguera”, hogar de la familia Weasley, una extrañísima casa de por lo menos cuatro pisos de alto, construidos de una manera tan caótica e irrespetuosa de las leyes de la física, que sólo por magia podrían mantenerse en pie. Molly Weasley es la máxima autoridad y administradora de esta residencia de magos. Su cocina es pequeña y todo parece estar muy apretujado en ella. Justo en medio tiene una trajinada mesa de madera rodeada de sillas que no hacen juego, y sobre la chimenea una repisa con varios de libros de cocina. Los títulos son algo así como “Hechice su propio queso”, “Encantamientos para hornear” o “banquetes mágicos en un minuto”. Junto a ellos, un infaltable: el manual de Gilderoy Lockhart para combatir las plagas en el hogar. También hay números pasados de la revista “Bruja Semanal”, que Molly colecciona por las recetas que incluye. En la pared de enfrente cuelga un reloj de una sola manecilla, que en vez de números tiene las inscripciones “hora del té”, “hora de alimentar a las gallinas” y “te estás retrasando”.
La cocina es definitivamente el lugar preferido de la Sra. Weasley y si pudiera conseguir un Elfo doméstico (una criatura mágica que hace las tareas del hogar en las casas de los magos adinerados) lo utilizaría solo para que le planche la ropa. Aquí es donde prepara su fudge casero, hornea su famosa tarta de carne molida, su celebrado dulce de nueces, y hace sandwiches para que sus hijos los coman durante el viaje en el Expreso de Hogwarts, sin olvidar el pastel navideño que regularmente les envía, junto con los regalos, cuando pasan las festividades en el colegio. Y si bien Molly hace la mayor parte del trabajo culinario, se asegura de que cada quién colabore con pequeñas tareas. Los desayunos en La Madriguera son contundentes, casi tanto como en Hogwarts. La primera vez que Harry Potter desayunó con los Weasley, Molly puso en su plato 8 ó 9 salchichas y tres huevos fritos en evidente contraste con la dieta de hambre que recibía el muchacho en casa de sus tíos Muggles, Vernon y Petunia.
Tampoco faltan el pan con mantequilla, las tostadas con mermelada de naranja y la avena con miel. Las comidas son también maravillosas, con empanadas de pollo y jamón, patatas hervidas, ensalada y helado de fresa hecho en casa. Cuando la cocina no se da abasto para contener a los nueve Weasleys y a sus invitados (generalmente Harry Potter y su amiga Hermione Granger) se opta por juntar dos desvencijadas mesas en el jardín para disfrutar de una deliciosa comida al aire libre, casi siempre durante las vacaciones de verano. En ocasiones especiales, los adultos beben un dulce licor de grosella luego de las comidas. Aunque podríamos suponer que a la Sra. Weasley le basta hacer unos movimientos con su varita para que los alimentos aparezcan preparados como por arte de magia, así no se cocina en el mundo mágico. Es bien sabido que nada que se cree “de la nada”, utilizando encantamientos, durará más de una hora o dos. Molly utiliza sus propias manos y sentido del gusto, como cualquier Muggle.
La diferencia está en que las brujas cocineras pueden simplificar algunos de los procesos más tediosos. Por ejemplo, pueden hechizar las verduras para que se despojen de sus cáscaras o hacer que los preparados se revuelvan por si solos en sus cacerolas, o finalmente pueden usar magia para evitar la más odiosa labor en la cocina: un leve golpecito de la varita sobre el fregadero bastará para que los platos y vajilla se laven solos, produciendo un suave tintineo. Un recogedor mágico estará alerta para limpiar el piso ante cualquier accidente. También tienen a su disposición algunos utensilios encantados, como cuchillos mágicos que cortan los vegetales o teteras que sirven solas. La Sra. Weasley puede hacer brotar directamente de la punta de su varita un chorro de salsa bechamel que vierte sobre su preparación, porque si bien no se conjuran los principales ingredientes de un platillo, sí es posible hacerlo con algunas de las salsas y condimentos.
Esto es un gran beneficio para los magos que vigilan su peso, pues las salsas más grasosas simplemente desaparecen al poco rato de su organismo luego de ser consumidas, dejándoles todo el sabor, pero no las calorías. Aunque el alcohol no es muy popular en el mundo mágico (el jugo helado de calabaza es la bebida predilecta), Molly toma té con un chorro de whisky envejecido de Ogden cuando está verdaderamente nerviosa y teme por la seguridad de los suyos. A Harry Potter le parece maravillosa la cocina de los Weasley, no solo porque la comida abunde, sino, sencillamente porque aquí todos lo quieren. Las golosinas en el mundo de Harry Potter también son un tema aparte. La selección de dulces a la que los jóvenes magos tienen acceso está lejos de ser ordinaria y les garantizo que no encontrarán Hershey´s, ni M&M´s, ni Mars. En cambio, tienen Grageas Ber¬tie Bott de Todos los Sabores, chicle Drooble súper bomba, ranas de chocolate, em¬panadas de calabaza, pasteles en forma de caldero, varitas de regaliz, diablillos de pimienta, bolas de chocolate rellenas con mousse de fresa y crema, plumas de azúcar, gusanos de gelatina, turrón, helado de coco, toffees, sapos de menta, ratones helados, chupetines con sabor a sangre, racimos de cucarachas, moscas de fudge, paletas ácidas, tarta de calabaza y otra cantidad de cosas que un Muggle nunca ha visto en su vida. Toda una pesadilla para cualquier odontólogo o nutricionista.
Las famosas ranas de chocolate (esperemos que nada de una rana real intervenga en su composición) llevan en su interior cromos coleccionables con las imágenes de brujas y magos famosos. El dulce no parece ser otra cosa que un chocolate moldeado con la forma del animal, pero un hechizo simple colocado en él les da la habilidad de saltar una sola vez si no te la comes rápido. Las Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores son otro clásico. Un preocupante slogan en la etiqueta dice: “Un riesgo en cada bocado”. Sucede que junto a los sabores comunes, como chocolate, menta o frutales, también es posible encontrar con sabor a espinaca, hígado o callos. Estos pequeños dulces, célebres en el mundo mágico fueron creados por el inventor Bertie Bott casi por accidente. Su propósito original era lograr sabrosos caramelos con sabor a distintos alimentos, pero por error un par de medias sucias cayeron en su experimento. Inmediatamente, reconoció el potencial de ventas de tan singular dulce: no saber lo que te espera dentro de cada pequeña gragea.
Sin duda hay sabores ordinarios como canela o mermelada, pero camuflados entre ellos hay sabores, digamos, más “aventureros”, como tripa, moco, cerumen o vómito. Afortunadamente es más factible toparse con sabor a tostadas, coco, frijoles, fresa, curry, diversas hierbas aromáticas, café, sardinas, pimienta e incluso pasto. Otro gran favorito es el chicle Drooble súper bomba, que produce enormes burbujas azuladas que duran días enteros según se promete en la envoltura. Finalmente, los Fizzing Wizzbees son unas gomitas suaves, masticables y efervescentes. No lo dice en la etiqueta, pero se cree que en su composición se utilizan aguijones secos de Billywig, una criatura mágica nativa de Australia, una especie de insecto de más de un metro de largo de un color azul zafiro muy llamativo, con las alas en la cabeza a modo de helicóptero. Su picadura causa que la víctima experimente mareos seguidos de levitación. En algunos casos la víctima se la pasa flotando incontrolablemente durante días enteros, aunque habría que agregar que muchos de ellos se dejan picar voluntariamente (continuará)…

